El Gran Misterio del cristianismo - la Encarnación

Es uno de sus artículos usted analizó la unión de lo humano y lo divino en Cristo. Por favor, ¿puede explicar cómo se relaciona la perspectiva adventista de la encarnación, con la de otros cristianos?

Esta no es una pregunta bíblica, aunque la respuesta estará basada en lo que dice la Biblia. Resumiré el parecer más usual entre los cristianos, y entonces procuraré presentar brevemente lo que los adventistas dicen del tema. Por supuesto, en un misterio tan profundo como éste, hay posibilidad de disentir.

1. Controversias cristianas y posible solución: En los primeros tiempos de la historia de la iglesia cristiana, la persona de Cristo fue objeto de acalorados debates. Algunos propusieron que Cristo había sido dos personas —una humana y otra divina— en un cuerpo humano. Otros mantuvieron que había sido una persona con sólo una mente o espíritu, la divina. Otros dijeron que las naturalezas humana y divina se habían fusionado y producido una tercera naturaleza, que hacía que Cristo no fuera totalmente humano ni divino.

En un intento de resolver la controversia, en el año 451 se reunió un concilio eclesiástico en la ciudad de Calcedonia (cerca de la actual Estambul en Turquía). El concilio tomó resoluciones que se conocen como Declaración de Calcedonia. Entre otras cosas, afirmaban que Cristo era “plenamente Dios y plenamente hombre”, que había tenido dos naturalezas en una persona, y que “la distinción de naturalezas de ninguna manera fue anulada por esa unión” (Philip Schaff, Creeds of Christendom, vol. 2, pp. 62, 63). Aunque aún se debate si ésta fue una verdadera definición, las ideas fundamentales que contiene han sido aceptadas por la mayoría de los cristianos.

2. Los adventistas y las dos naturalezas de Cristo: Los adventistas estamos de acuerdo con esta definición porque es compatible con lo que dice la Biblia respecto a la encarnación de Dios en Cristo. Es verdad que la teología de la declaración va más allá de lo que la Biblia expresa de manera explícita, pero aun así, se halla dentro de los parámetros de la revelación divina. Que Cristo era plenamente divino y plenamente humano constituye un hecho bíblico. Adoramos a Dios en la carne humana, no a dos personas —una divina y otra humana— en un cuerpo. De lo contrario, estaríamos adorando a un ser humano. Estamos de acuerdo en que “las dos naturalezas fueron combinadas maravillosamente en una persona” (Elena White, Lift Him Up, p. 76), pero que en esta unión, la naturaleza divina “no fue humanizada, como así tampoco su humanidad fue deificada por la combinación o unión de las dos naturalezas; antes bien, cada una retuvo su carácter y propiedades esenciales” (Manuscript Releases, vol. 16, p. 182). El Hijo de Dios verdaderamente tomó sobre sí la naturaleza humana al momento de la encarnación.

3. Implicaciones de la unión de ambas naturalezas: El hecho de que las dos naturalezas permanecieron diferenciadas implica que en la encarnación existen dos voluntades. Esto nos ayuda a entender que Cristo podría haber caído en la tentación. Dios no puede ser tentado a pecar, pero sí puede serlo la naturaleza humana. También nos ayuda a comprender que si bien su naturaleza divina era omnisciente, la humana no lo era. La naturaleza humana de Cristo tenía conocimiento limitado y creció en entendimiento de la naturaleza y la misión del Hijo de Dios (cf. Luc. 2:52). Sigue habiendo un elemento de misterio ya que aunque tenía dos naturalezas, era una persona.

Siendo que lo humano y lo divino se unieron, lo que experimentó la naturaleza humana también lo experimentó la divina. Aquí deberíamos hacer algunas claras distinciones; por favor, siga mi razonamiento. La naturaleza divina experimentó los sentimientos, emociones, luchas y tentaciones de la naturaleza humana. Por ejemplo, cuando la naturaleza humana tenía sed la naturaleza divina experimentaba de una manera única y directa lo que significa para los humanos tener sed o hambre, ser tentado, etc. La totalidad de la persona experimen esas sensaciones. Por otro lado, cuando la naturaleza divina usó su poder divino para sanar, la naturaleza humana llegó a ser el vehículo por el cual ese poder llegó hasta la otra persona. Cuando una mujer enferma tocó el manto de Jesús y fue sanada, el Señor supo que “poder había salido de él” (Mar. 5:30). El poder del Hijo de Dios sanó a la mujer, pero la naturaleza humana de Cristo experimentó de manera única, un poder divino que en sí mismo no poseía. Éste fue el resultado de la unión de dos naturalezas.

Existen muchas otras implicaciones de esta unión, pero las presentadas sirven para ilustrar cuán significativo es el misterio más grande del universo.

 

Fecha: 
11-07